Viajes

3 razones para viajar a Tenerife (además de sus playas)

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Sentado en el lado izquierdo de la cabina, cuando el avión se acerca al Aeropuerto de Tenerife Norte pego el rostro a la ventanilla y pienso que me engañan los sentidos porque la vista dice que tengo delante dos mares.

Observatorio del Teide (Izaña) y vista al Teide en Tenerife, Islas Canarias (C) Avistu

Uno, por debajo de nosotros y más oscuro, es el Atlántico. El otro, en la distancia y más claro, es un eterno mar de nubes del que sobresale el Teide, con sus casi cuatro mil metros de altura es el pico más alto de España y aparece partido en dos por una franja blanquecina y algodonosa.

La mayor de las Islas Canarias ha sido moldeada por las fuerzas más poderosas de la Naturaleza, la energía volcánica que la creó en primer lugar y el Atlántico que pacientemente ha limado la aspereza de sus costas. Aunque en los días de invierno tengan temperaturas en torno a los 20º, en mi primer viaje al archipiélago canario he venido a buscar, más allá del tópico del sol y las playas, razones para recomendarte que viajes a Tenerife. Y creo que las encontré.

Piscinas marinas en el puerto de Garachico en Tenerife (C) Avistu

Naturaleza

Les pido perdón a los tinerfeños que lean esto por mi incultura pero yo pensaba en Tenerife como una isla volcánica, carente de vida más allá de una artificial franja de palmeras junto a los abarrotados hoteles. No tenéis ni idea de lo equivocado que estaba.

Para empezar, casi la mitad de la isla tiene algún tipo de protección gubernamental, hasta llegar a un total de 43 espacios protegidos así que apuntaos el verde como color preferente para el paisaje. Eso sucede, por ejemplo, en los montes que envuelven el Albergue de Bolico, dentro del Parque Rural de Teno. De hecho hay más superficie de la isla cubierta de bosques (un 25%) que urbanizada (un 22%).

Parque Rural de Teno en Tenerife (C) Avistu

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